sábado, 5 de mayo de 2007

El transcurso del silencio

Saben los espíritus que adivinan
el transcurso del silencio,

y sabe la insignificante amapola de la muerte
de los hemisferios trashumantes
sobre piedras
de imperfecto círculo.

Así como confunde, extinguido, el vapor
su celestial oráculo
en inútil derrotero,
sabe también que la imprescindible
sangre fue entonces
devuelta
al tiempo
y al viento;
así como si hubieran
vuelto por su carne.

Y la caverna de la madre, profunda,
extraña como el conjuro de las sangres.

Y si pudiera el hombre ver
de dónde son los pasos o su distancia,
apenas reconociera su cuerpo.

La piedra, la caverna,
el final abismo de lo pasajero
reconocen la sangre desaparecida
de los dioses precursores
sobre el ara de fuego blanco,
de fermento
y de hoja.

Porque resucitara en un nuevo ciclo
con la nueva y vieja sangres,
devuelto al conjuro
de los dioses que también
en el Eterno retornan.

Secreto dios
que renaces en el tiempo
con nueva lengua y lenguaje,

sumergido vuélvete al silencio.


Hazte unánime en el sacrificio