jueves, 13 de septiembre de 2007

Hermandad



Somos hijos de una rama blanca que ha perdido el horizonte,
pero no lo sabemos;
somos hijos también de las formas que habíamos imaginado
en otro tiempo,
y, por lo tanto,
nos conocemos.

Vamos rumbo al arrecife primordial
premunidos de especias
y de incienso blanco,
para descubrir las cosas que ya sabemos
que existen.

La atmósfera que hemos olvidado era
macabra.
-Lo sabemos porque guardamos como prendas
el furor de sus cicatrices,
blancas
y densas por igual-.

Cada uno de nuestros hermanos tiene un puesto
en el hipogeo,
lo mismo que nosotros
en el epicentro de la vida y la muerte,
en el común lugar que otros evitan.

No hacemos sino del más leve ciclo una prédica;
una parábola edificante
y unánime.
Más nuestros hermanos redujeron
cada verbo al límite
de lo tangible; se afirmaron así
en la insignificancia de los hechos
que se validan a sí mismos.

Pero las hierbas que conocemos no son hierbas
verdaderas.
Solo el tiempo de nuestra parábola revelará

lo espontáneo.

jueves, 5 de julio de 2007

Solución

No la roja sangre que atisba el cuerpo
o insensible lengua duplicada. No la llama
voraz del conjunto
redimiendo sombra, llaga y piedra.

Apenas el consuelo liviano que se agita
monocorde

en molécula de hidrógeno transmitida.

martes, 5 de junio de 2007

Ritual ya no proscrito

Aún habitaré sacrificado en esta
piedra,
y en la vertical distancia
de mi rumbo. Mi rito ya no es
el proscrito.
Mi ciclo subraya las palabras
de nueva metáfora,
para penetrarla en conciencia
desprendida del tiempo.

Y, sin embargo, todavía la carroñera devora
la heredada hiel de las entrañas,
como la viviente hierba arrancada
sobre piedra terrenal.

Todavía conservo un ojo para arribar
de lo sencillo a lo eterno,
y todavía el oscuro abrazo de
la sierpe
con que se encadena la memoria
a la abolición imprescindible del momento.

La vida elemental se atiene
a las parvadas que golpean
lo pretendido. Una ingrata sucesión
de eternidad que aguarda una

sola muerte.

sábado, 5 de mayo de 2007

El transcurso del silencio

Saben los espíritus que adivinan
el transcurso del silencio,

y sabe la insignificante amapola de la muerte
de los hemisferios trashumantes
sobre piedras
de imperfecto círculo.

Así como confunde, extinguido, el vapor
su celestial oráculo
en inútil derrotero,
sabe también que la imprescindible
sangre fue entonces
devuelta
al tiempo
y al viento;
así como si hubieran
vuelto por su carne.

Y la caverna de la madre, profunda,
extraña como el conjuro de las sangres.

Y si pudiera el hombre ver
de dónde son los pasos o su distancia,
apenas reconociera su cuerpo.

La piedra, la caverna,
el final abismo de lo pasajero
reconocen la sangre desaparecida
de los dioses precursores
sobre el ara de fuego blanco,
de fermento
y de hoja.

Porque resucitara en un nuevo ciclo
con la nueva y vieja sangres,
devuelto al conjuro
de los dioses que también
en el Eterno retornan.

Secreto dios
que renaces en el tiempo
con nueva lengua y lenguaje,

sumergido vuélvete al silencio.


Hazte unánime en el sacrificio

lunes, 5 de marzo de 2007

Atisbo

yo atisbo
en escalas reverentes
de consuelo
y karma
la teoría del cuerpo
que es genética libertad,
y nos releva
de tallumbre a médula;
 y de médula a molécula primaria.
yo atisbo
la travesía singular
del vehículo nuestro
y su conmutativo designio
que nos permuta.

más en aquel páramo
la individualidad nos resta.

quissuorum delicias seu gloriam
sustinere
nedumaudeatquadere? (1)


 (1) "¿nos atreveremos a buscar la gloria y el placer?"