domingo, 7 de marzo de 2021

Un nombre olvidado

Gravitaba tu corazón en los confines

de un vértigo antiguo; en olvidados sabores

de glaucas sábanas y húmedo infierno.

Y no sé si te busqué

o me encontrabas;

más, luego de la conjunción, volvíamos al ciclo

de los cuerpos,

al recuento de las madrugadas,

al discurrir de las estaciones en los paraderos.

 

Una noche, mirando hacia el vitral de la catedral de tu alma,

me dijiste que el cansancio se había sentado a dormir

junto a tu cama,

pero también me hablaste de cierto furor

que no era mi furor;

y entonces el pudor ajustó mi viejo abrigo

de piel labrada.

 

Y

la otra noche en que llovió

tan fuerte sobre todas

las ciudades del universo,

me pareció verte saltar sobre ramblas y retales

de caminos obviados;

quise llamarte entonces,

más tu nombre nunca vino a mis labios.

 

(Quizás ya lo he olvidado

para siempre).


sábado, 6 de marzo de 2021

Conjuro del enemigo

Si me llama

a la batalla

el enemigo,

y azul sigo los pasos

de su olvido,

preservo en los nudillos la piedra

que evolucionó de golpe a sombra,

y de hueso tallado

a soberbio colmillo.

 

Si me llama a su batalla,

digo.

 

¿Y, en qué escombro del amar

la diferencia subyace?

si en todo somos parte

de molécula y asombro,

si toda piedra devino en altar,

y en reverencia admirable

cualquier mueca impía

y hasta el odio.

 

Mi enemigo

no es ya otro

que la forma auroral

de mi perdido asombro;

la pieza fundamental

que asume su cuerpo vacío.

 

Percepción sensorial

Tendremos paz y pan,

rumor de horizontes sobre los cristales;

tendremos luna y gaviotas

y  pétalos de girasoles amantes

en la huerta del traspatio,

y en los jarrones sedientos

que guardamos.

 

La noche no es sino

un día que aguarda,

un soldado dormido,

una palabra impronunciada

(pero que ha de decirse 

de todos modos).

 

La oscuridad no es eterna

ni el silencio de los arrayanes;

tal como mudan las nubes vivientes

sus formas en otras,

el aire sacramental de los inciensos asciende,

y los dioses, sacudidos en su letargo ancestral

oyen, como al pájaro matinal,

la oración de sus devotos

y les atienden.