Una tarde del 99
lavé el polvo y la saliva que soy
A un silencioso
manadero
De espuma
Y semilla dorada
emancipada por el viento.
Esa tarde me
preguntaba
Como Al Qindi,
viendo en un jacinto la forma de lo creado,
Si había algo de
luna y de jacinto también en mi carne.
Y viéndome asignado
a mi barca
Convení tan solo a
navegar.
Esa tarde había
descansado tanto
Que a cualquier
murmullo blanco hubiere
Llamado madrugada,
Y así deslizaba mi
alma
Azul sobre la
tierra
Como un cielo de
Galileo
Remedado de otro
cielo
Quizás más claro.
La tarde del 99
transitó dibujándome
En la silueta mansa
de los trigos,
Y yo ahora soy la
silueta de esa tarde.