Me perdono
de haber curado la dispersión
en el abismo,
la desaparición en el tiempo de volver
a mirar
lo ya mirado, y de asombrarme ante el
atónito letargo
de moléculas/ ambiciosas. En fin,
de haber morado
en la misma oscuridad que prefirió la
esfera
en la división del infinito,
y de asumir mi esfera
con la docilidad de
lo que yace y gira. (Y en todo hay una
luz
que seduce).
Pues así ya comunico el primer don
y abarco la materia con perfectible
sentido,
desechando la densidad
en el transcurso hacia sí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario