domingo, 12 de abril de 2009

Los pocos

Son pocos.
Esbozan la quebrada limpia
con su sombra pimpante.
Son uno con la llovizna
que asperge la paniega en el relumbre
de las tardes.
Y, si cantan,
se unen al motete
monódico de Natura que, en conjunto,
eternamente entona bienaventuranzas.
Y en ese canto fecundan los bancales a un lado
de la senda;
y en ese canto el agua discurre por la feraz cordillera
con alegre risa de infante.

Ha creado el valor vencedores; pero aquellos
invencibles son por la concordia.
Y son vastos como axiomas
que en el pie de los árboles penetran,
cuando el universo, en un rumor de pajonales,
se adormece,
y acarician los planetas
filosófales estelas.

Son como palabra que nadie contesta
sino en silencio.

Misericordes como el masquil
que enmienda turbamultas,
o las regiones indiferentes que existen
al margen de cualquier acervo,
pero que son -como todos-
trebejos de una misma Ciencia.

Son pocos. Cantan por nosotros,
mientras el mismo Tiempo nos sostiene
en la octava de su armonía,
nimbado,
en tanto el Preboste duerme.


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