jueves, 5 de marzo de 2009

De semanas y huertas

Noche fugaz; vida misma que vuelves
a mi mano y en el pan
cada mañana, con el asno y la canasta
que madrugan.
Mansos camaradas nuestros: el pan,
los piñones,
las madrugadas
de lluvia; la vida.

Yo les saludo con alfombras de retamales
y margaritas blancas,
o con clavelillos que crecen
a un lado de los nogales
para curar de miedos o tristuras;
yo les saludo con el pañuelo
recamado de Arlequina,
con el clarito fermentado que los sábados
desentierra Marina
del traspatio.

Ya luego, a retozar en el alero,
junto a los membrillares abuelos,
y ver la vida pasar
desprovista de afanes,
como arreboles o pétalos parabólicos;
como casta y larga
voluptuosidad de pascua florida,
como fiestas patronales de prendería

que hasta en los cielos reverberan.

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