Noche fugaz; vida
misma que vuelves
a mi mano y en el
pan
cada mañana, con el
asno y la canasta
que madrugan.
Mansos camaradas
nuestros: el pan,
los piñones,
las madrugadas
de lluvia; la vida.
Yo les saludo con
alfombras de retamales
y margaritas
blancas,
o con clavelillos que
crecen
a un lado de los
nogales
para curar de miedos
o tristuras;
yo les saludo con
el pañuelo
recamado de
Arlequina,
con el clarito
fermentado que los sábados
desentierra Marina
del traspatio.
Ya luego, a retozar
en el alero,
junto a los
membrillares abuelos,
y ver la vida pasar
desprovista de
afanes,
como arreboles o
pétalos parabólicos;
como casta y larga
voluptuosidad de
pascua florida,
como fiestas
patronales de prendería
que hasta en los
cielos reverberan.
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