sábado, 25 de julio de 2009

Esa tormenta que nos distancia

Esa tormenta que nos distancia
nos arrodilla ante otro mundo,
cubre de nieve nuestra piel yerta
y en la garúa nos resucita.

¿Quién no recuerda su blanco huerto
donde la infancia era otra fruta?

¿Dónde estará lo que soñamos
en aquel tiempo impreciso?

Porque el corazón es una isla,
también un eco sobre las rocas;
y la nostalgia de un dios sublime
que pace libre en nuestros prados.

Una bandera tengo de entonces,
cuando las lluvias me bautizaron,
y nueve cruces que en los caminos
con sus migajas he conservado.

Y si no creyera en ese sueño


en otra senda me perdería.

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