domingo, 5 de julio de 2009

Pozo

En la paz de tu brasa cautiva
hay un huerto de rosales;
flores antiguas de espléndidas estrofas,
pétalos blancos que traen los mistrales.

Tu presencia es obsequioso sarmiento
que adereza el recodo de los cauces;
es espíritu de acuáticos amparos
que toca, en el cierzo, afables carnavales.

Ven,
y tráeme de beber
el agua que en el pozo tuyo reverbera,
o la añeja hierba que unges con sigilo
en la casta lluvia de setiembre.

Las rosas de tu parcela han florecido,
tienen el aljófar que la aurora atavía;
y vuelan cerúleas como abejas del verano,
para posarse en mi capota
hacia la muerte del crepúsculo.




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