Tendremos
paz y pan,
rumor
de horizontes sobre los cristales;
tendremos
luna y gaviotas
y pétalos de girasoles amantes
en
la huerta del traspatio,
y
en los jarrones sedientos
que
guardamos.
La
noche no es sino
un
día que aguarda,
un
soldado dormido,
una
palabra impronunciada
(pero que ha de decirse
de todos modos).
La
oscuridad no es eterna
ni
el silencio de los arrayanes;
tal
como mudan las nubes vivientes
sus
formas en otras,
el
aire sacramental de los inciensos asciende,
y
los dioses, sacudidos en su letargo ancestral
oyen,
como al pájaro matinal,
la
oración de sus devotos
y
les atienden.
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