como los últimos instantes del ensueño,
como el vano punto de equilibrio
que, sin razón, buscaron pitagóricos silentes.
Desearía ser intangible
para auscultar el Enigma de lo Inerte,
extraviándome en el silbido de su inocencia.
Desearía verle contrito en los brazos
de mi obscuro consenso inteligible.
Desearía coagularlo y mudarlo en sierpe;
rodear sus alas
y hollar el cielo.
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