entusiasmado en un auténtico festín de sinsabores.
Y sueño estar divagando sobre la causa tercera, -la creada-, diluyendo el licor entre las aguas de una roja efervescencia.
Era predecible hallar un lugar en mis entrañas para las fiestas desguarnecidas del tiempo.
E impaciente me guardaba en lúcidos salmos.
En lúdicos salmos del tránsito hacia las cosas.
Solía preguntarme sobre la brevedad,
sobre la vida,
sobre la hora.
Cogía la tinta substancial
y me explayaba en la batalla de mi sueño…
que es el vuestro.
Yo he sido quien comía de verdades aparentes
y exhibía los dictados de su alma en la tribuna;
quien apenas emprendía una conjura entre lo abstracto.
Uno más
de los existentes;
uno más
como vosotros.
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