martes, 24 de abril de 2001

Las veladuras de la carne

Hallo un nuevo regocijo en las veladuras
de la carne.
Cabizbaja una luz extiende las brisas
por sobre el andén meditado.

Y carne y luz se hacen uno solo por
el milagro
de caminar
o mutar;
y de cantando esperar
la soñada lluvia del castillo interior,
adrede.

Vuelvo al viento
resoplando con las olas.
Soy la libertad fugaz a un minuto encadenado,
y me va gritando un aire benigno
con los labios contraídos en estruendo callado.

Campos abiertos: ¡La Eternidad!
Desierto Verde: ¡Espacio de Gracia!

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