Protector
de mi sombra que desapareces
con
la noche y en la unión de las obras
de
naturaleza hiriente;
con
tu fauna convertida al alma,
con
tu flora amante de equilibrio.
Tú
que despareces al consuelo,
mas
luego te yergues lozano
sobre
el palpable firmamento,
pasa
tu mano enaltecente
sobre
el murmullo del lago,
y
transcurre como un largo vuelo de buitres
aquí
en mi destierro concedido.
Valedor
de mi estrella auroral,
señala
tú el sendero impetuoso
y
descansa al compás de la tarde;
que
la proximidad de los miedos
no
me induzcan a llamarte
en
vano,
ni
me separe de tu gravedad el otoño,
ni
se confunda tu Voz con el Silencio.
Yo
recuerdo aún tus proverbios
como
recuerdan su culpa los prisioneros.
Mediador
de la Palabra Primitiva,
que
tu Nombre sea auspiciado
en
tanto nombres tus misterios
al
oído de quienes te esperamos
hasta
que nadie te encarne.
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