Como un profeta.
Miraba
y apuntaba.
Deseaba sonreír por una vez y borrar
todo el patetismo desclavado del presente.
No le satisfacía la fascinación del sufrimiento.
Y alimentando sus mamíferos instintos,
decidió virar junto a la tierra
hasta sí mismo.
(De derecha a izquierda).
Entonces la mirada distraída del arcángel
encendió sus arterias.
Un hambre infinita sucedió a la curiosidad
que le aquejaba.
Era libre sin saberlo.
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