es tiempo ya de abrir ventanas y admitir el desafío
que transforma los musgos en llama
de zarza ardiente.
Mira que ya conozco el reverso de los muros.
Y como si las leyes terrenales me fueran hoy extrañas,
me acosan designios de retórica pagana
destilando nubes de estratósfera vulgar
sobre mi calma.
Danza mi reloj ensimismado en sus cantares,
festejando mi destierro de gloria gentil.
Y sucumbre de fiebres en un rincón, doliente,
la palida mors de una antigua catalepsia.
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