los cariños que sin fruto
en primavera se agotan,
imbuido de indiferencia o
sutil agonía.
Saberse uno en el fatal encanto
de la soledad que procura
acabar, en una cruz, las señales de lo ausente.
Enclavarse, en fin, al alma escarchada de tristeza;
diluirse en el aceite y desde allí
cruzar el fuego suprimido de la mente,
para luego hallarse redimido
en el álgebra de un corazón equilibrado
...como si nada
como si nada...
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