sábado, 26 de abril de 2008

Amaru

En un soplo
la serpiente se elevó sobre
las lluvias,
y silenciosa viajó
sobre
su oráculo incendiado.

La sierpe
devora el valle de la ceniza.


La sierpe
es apenas un cauce
de mar silente
y agrio.

Y los ojos innombrables
que adormecen en la
duna
esperan
con fervor la huida;
y la luna,
la sagrada huella
de un mediterráneo.

Los pacientes clavos
sumergidos en la arena.

Descubriré mi corazón,
laringe,
entrecejo
sobre las peregrinas almas
que han desembocado
hambrientas

al Ganges.

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