En un soplo
la serpiente se elevó sobre
las lluvias,
y silenciosa viajó
sobre
su oráculo incendiado.
La sierpe
devora el valle de la ceniza.
La sierpe
es apenas un cauce
de mar silente
y agrio.
Y los ojos innombrables
que adormecen en la
duna
esperan
con fervor la huida;
y la luna,
la sagrada huella
de un mediterráneo.
Los pacientes clavos
sumergidos en la arena.
Descubriré mi corazón,
laringe,
entrecejo
sobre las peregrinas almas
que han desembocado
hambrientas
al Ganges.
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