los lácteos universos que asombran;
es decir, el ánima primaria;
es decir, el ojo con la flama que devela;
es decir, tú misma en la inmaculada
sombra de tu sombra.
Y glauca, la sombra menguante
de los otros, que
ni siquiera en nuestra noche nueva
existen.
Pues el ojo o la luz
son;
y nada en el vacío permanece;
ni siquiera la mentira primera
de acabar,
o la impoluta transición
de la materia en olvido.
Sobre todas las cosas,
un puente
se teje.
Déjame ahora recordarte, que
ser recordado es ser
percibido.
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