que la noche ha guardado el rebaño al filo de sus praderas,
y has caminado huyendo de la sierpe herida;
aunque a veces pienses que es un sueño.
Un sueño
como las cuatro formas de aprender a morir.
Un sueño
como la extravagante contingencia.
Tu corazón se ha reclinado a la peña amante
y desde entonces no espera sino la vida.
No temas pues, compañera, levantar el velo ante la luna media,
que la guadaña plateada es mi signo
y lo conoces,
como el crepitar de los metales en la fragua.
Lo conoces.
Llama el manantial en suaves trinos
a los astros
con sustantivos neutros;
el desierto espera en calma su último embeleco;
y los que tienen ojos cantan el rosario de sus cuitas.
La noche avanza.
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