sábado, 26 de abril de 2008

Dakini

No temas, prometida, levantar el velo ante el enciso,
que la noche ha guardado el rebaño al filo de sus praderas,
y has caminado huyendo de la sierpe herida;
aunque a veces pienses que es un sueño.

Un sueño
como las cuatro formas de aprender a morir.

Un sueño
como la extravagante contingencia.

Tu corazón se ha reclinado a la peña amante
y desde entonces no espera sino la vida.

No temas pues, compañera, levantar el velo ante la luna media,
que la guadaña plateada es mi signo
y lo conoces,

como el crepitar de los metales en la fragua.
Lo conoces.

Llama el manantial en suaves trinos
a los astros
con sustantivos neutros;

el desierto espera en calma su último embeleco;

y los que tienen ojos cantan el rosario de sus cuitas.


La noche avanza.

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