sábado, 26 de abril de 2008

Letanías del Destierro

I
Casa de marfil;
discurriente el óleo alumbrará
tu arcano,

y el agua clara
que la sed del fenómeno aplaca;

arca
de alianza y del flujo
lácteo,

todavía serpentea
en la lengua,
y en los círculos inasibles de la rosa
en que crepita
el blanco;

y es pétreo el cuarzo,
y el velo diáfano,
y la davídica torre incrustada
en su celeste canto;

y en su octava

asciende la biológica savia
de la caverna
al estambre
que lo contiene consumido.

Ora pro nobis
super luna
me totum trabe in cor
tuum.



II

Miraba yo los efectos transparentes
que hace la Muerte sobre la arena.
Y a cada sombra descolorida le sobrevenía
el imperfecto cuerpo de las cosas que el círculo persigue.

Dime, Tronco Celestial, Escalera sin puerta, ¿dónde
encontraré mi mano?

Y entonces volvió hacia mí Su rostro.

Apenas parecía que la tarde flotaba sobre el
murmullo de las aguas inhabitables.
Tomándome de las extremidades me anunció como a la
Cuerda;
Y mis huesos, entonces muertos, conocieron el pan.

¿Por qué me tomas –dije- si apenas he salido del
umbral y del peldaño…
y, a veces, me parece seguir durmiendo?

El agua golpeaba sobre la tranquila borea.

Yo escuchaba.


III
Las cosas que las estaciones alejan, pasan;
y los murmullos de todas las higueras, y el plácido
rubor de un horizonte cenizo.
      Eres una estación en el reposo,
Rosa de Jericó;
tantas veces he palpado sobre la nada
 tus manos

… en el principio

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