sábado, 26 de abril de 2008

Polirritmo del Samsara

y cuando trajeron a tierra las barcas
ya lo esperaban mis ojos
sobre la orilla  de las sales refractadas,
y las glaucas olas calmas
de su palabra;

como el frío era que se viste de muceta,
o la lluvia extraviada  que navega calma
por su dedo en la llaga;

como el peso de los años soñados,
como el golpe que hacia el alma bate
la nada.

llamaba a la puerta, como quiera que viera, y entraba;
descubría en la parriza entrañas
que la plebe sencilla guarda,
y el sahúmo de los peces cohabitando el purgatorio,
-cual cenáculo de vinagre
y miel-;

como si fuera sal
o luz que el gentil esconde al manadero.

y así, quien lo tuvo,  viera la vida,
el arcano discurrir de la memoria,
el principio y el fin de las horas
como cena de mi forma en sus palabras;

abrazándolo todo en su cuádruple verso
para asistir -velado novio- a la medina cristalina
do se contempla todo.

y mil años transcurridos delante de sus ojos
sean como vigilia de una noche
extraviada,
do se afirma la obra en el hámago
y se nombra cada puerta consagrada.

ya lo esperaban mis ojos
cuando trajeron a tierra las barcas,
y ellas condujeron al recóndito habitar
de sus pausas.

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