I
Largo banquete, el que llama sin materia;
Basto el óleo, transparente el fermento.
Ánima, espectro, cuerpo de agonía toma
En ti el licor y la espiga del arena.
Que la luz en tu esperanza se ha encarnado.
II
Era puro, vasto y caminante
el fruto
de la vid, que abastecía
al mundo
su sorbo.
Yo recuerdo bien sus goterones
cárdenos
columpiando bienaventurados.
Yo recuerdo esa mistela en mi costado
incluso antes de ser plasma,
y luego como vinagre
palatina.
Discurrente filtro rosado que abrasas:
in acquas tuas omnibus diebus
vitae meae merear habitare.
III
Hay quien una palabra buscaba
y encontró pan.
(Un mendrugo es todo lo apetecido
para quien nada carga).
Y así, el salmón advertido
se alcanzó multiplicado
en inocente milagro
de bocas olvidadas.
Entonces, como es uno,
es setenta veces siete el fruto,
y la palabra extraviada, bendición
que vuelve
para ser
aprendida
en transmutación corporal.
También hay alimento de palabra,
y todo lo observable es transformable.
Luego,
guarda el pan en la talega que eres
y el salmón en el pozo de tus aguas.
IV
Y cuando las puertas del pozo encendido de mi carne cerraban,
solo su palabra develaba el murmullo helado cual garúa
sobre montañas. No era zarza ardiente.
Y me dijo Su Nombre como cubierto, mientras arrastraba
un flujo tenue de las aguas al llamado de mi hayuela.
Entonces no temí. Ayer, tomado el báculo,
me dio por alimento la piedra abandonada
y el rumor de la calma.
Hoy lo tengo entero por sobre las cosas.
Reposa en mí su espacio entero como es la luz, como la sal.
Y habita en mí Su Sábado como en cualquiera.
V
Sabed mi cuerpo, disgregadas lenguas de la bóveda y desiertos. Porque en mí ha muerto la sed y las piedras mismas consiguieron alimento permanente.
Si la sal de vuestros ojos aún se arrastra por la arena, sabed de mí; y no habrá sino polen fecundo, levadura que no marchita en siete noches, afeites que a la luz desengañen.
Será nuevamente al agua casta en el desierto: el erecto ofiuco que guía a su pueblo en la montaña.
VI
Asúmeme, Hijo de la forma
en toda carne y toda sombra,
y en amante ciencia.
No sea que halle atmósfera vana en mi empeño,
y dude
que la luz del alma es luz de todas.
Pan de la evidencia,
secreta llegó la templanza
y enumeró tu arcano.
Cada día será,
y ha de existir.
Será
polvo de un primer día.
VII
Hazte pan.
El mediodía del alma se presiente
como el rumor del círculo
esperado,
y tantea a la flama incierta.
Clave.
Hazte pan
para habitar en cada gozo.
Y encarnará
la verídica palabra de las causas
por su forma.
Y sangrará
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