El cuerpo de su palabra hermana.
Posible era
su corazón reverberante,
posible su Gracia.
Buscaba en las noches recóndito
su impenetrable
don,
la venerable llama de la cierta
oscuridad,
antes de la desintegrada forma
de los días;
Su Nombre y Su Carne
a los cuatro puntos del transparente
peldaño;
y a la unánime razón que subsiste
a su figura.
Ya sea que en los caminos cegados
nuevamente tienda la hiedra
el sutil velo de sus sueños. Ya sea
que las únicas fracciones del tiempo
hayan perdido el derrotero
de sus ánimas errantes y erradas.
La luz es perfectible
desde el otero.
La luz es inaccesible
desde el alma temporal.
Buscando su madrugada
sediento, en el aspecto
elemental que transfigura la
muerte.
Sabré de su última vertiente convertida;
de la última sangre que se
vierte por
el tiempo trascendido ya
de la carne;
o en la resurrección de su
tercero día incierto.
Y entonces, en el círculo de su
corazón humillado,
renacida la palabra,
sumergirá la Idea, la Noción
en leche
y en fruto de vid evaporada.
Porque se fecunda la tierra
al tercer aspecto de su muerte
que es la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario